María, por favor, sácame de aquí

pinocho2
Imagen extraída de http://www.google.com

Tras una semana llena de grandes pacientes pero sobre todo, grandes personas que han acudido “al sillón de enfrente”, me pregunto…

¿cómo se traduce el sufrimiento en cada persona?,

¿cómo podemos hacer los/as psicólogos y terapeutas para ayudar a disminuir este sufrimiento?,

¿cómo dar respuestas a preguntas vitales de la otra persona desde “el otro lado”, si son preguntas que todavía no tienen respuesta?,

¿cómo vivir en un mundo donde sólo vemos dos opciones a todo lo que nos rodea y qué hacer con la angustia que eso nos despierta?,

¿cómo mostrar a esa persona que cada pequeño paso que está dando es el más adecuado, el más perfecto porque ahora, aquí, con todo lo que es y lo que tiene, con todo lo que hay disponible en su mundo es el único que puede dar?,

¿cómo transmitir esa fe en que sí puede y que hay muchas posibilidades de que lleguen a esa ansiada cima?

¿cómo saber realmente que lo que deseamos está en esa cima y no en el camino que nos lleva a ella?

Y todo esto me lleva a las palabras transformación, camino, evolución, crecimiento…cambio. Un cambio que en muchas ocasiones se lleva mejor con un poquito de apoyo…con un Pepito Grillo que no sólo nos recuerde lo que hacemos mal o nos falta por conseguir si no que ponga muuucha luz en lo que YA ESTAMOS CONSIGUIENDO…

Había una vez un muñeco de madera llamado Pinocho

Por todos es sabido que Gieppeto creó a Pinocho. Lo fabricó con mucha dulzura, centrándose en cada detalle, raspando cada astillita de madera para que no se hiciera ninguna herida. Lo pintó con mucho mimo, dibujándole preciosos ojos azules, un pelo negro adornado de un gracioso tupé y una linda boquita acompañada por dos sonrosadas mejillas. Gieppeto puso en Pinocho tooodo aquello que deseaba que existiera en un niño de verdad.
Hasta ahí es lo que todos y todas sabemos. Pero lo que no sabemos es que no fue un hada, de estas hadas que aparecen en los cuentos que vienen “hacen la gracia” y te abandonan en pleno cambio, un cambio que hay que asimilar solito con todas las dificultades que eso tiene,  la que transformó a Pinocho en niño…
No amigos y amigas…fue un ser mucho menos hermoso y majestuoso, pero muy sabio y dicharachero llamado Pepito Grillo.
Y es que, lo que llevó a Pinocho a ser un niño no fue un toque de varita mágica, no no, fue toodo un proceso de cambio. Al principio el pobre muñeco de madera se sentía torpe, agarrotado, sin fuerza para mantenerse en pie. Cada pequeño movimiento suponía para él mucho esfuerzo y dolor. Pero ahí estaba Pepito Grillo, animándole a caminar, a dar pequeños pasos, respetando sus descansos, entendiendo sus fatigas.
Y os podéis imaginar como fueron esos pasos…torpes, con caídas, poniendo los pies encima de la cabeza,…pero siempre acompañado de las canciones que Pepito Grillo silbaba junto a él. 
Así, por un largo camino con sol, barro, árboles gigantes y preciosas hojas verdes, bajo la lluvia,…fue como Pinocho se convirtió en el niño que es.
Y como colofón final por todas esas adversidades y como todo gran esfuerzo, ¡¡se merecía una gran celebración!!. Pepito había preparado una cabaña con chimenea donde poder entrar en calor después del chaparrón, dos deliciosas tazas de chocolate caliente, una guitarra y un violín y juntos cantaron y bailaron tooda la noche, tooda su vida.
Y chocolatín chocolateado, este cuento…¿se ha terminado?

Este cuento fue escrito en Elche, un 15 de julio de 2012.

A veces lo importante es el destino

A veces lo importante es el camino

A veces lo importante es la compañía

A veces lo valiente es asumir que no somos invencibles 

A veces lo valioso es  poder caminar

2 comentarios sobre “María, por favor, sácame de aquí

  1. Me ha encantado María, el simil entre el apoyo y el pepito grillo; las hadas cabronas, que son como esas promesas mágicas de solución que deslumbran, pero que pasado la ceguera primera, se vuelven en desoladoras mentiras o inalcanzables quimeras. Una falsa fe y pésimo apoyo. En cambio el fiel grillito ahí acompañando. Sobre lo que introduces, yo a veces me siento igual, cómo trasmitir esa fe en el proceso, quizá la pregunta yo la haría, ¿cómo trasmitirnos en-con el paciente en ese espacio compartido en terapia? Gracias María por tu publicación, me encanta como mezclas los cuentos y la terapia. Tanto introyecto y tanto arquetipo cultural, uff, tanto por digerir y vomitar.

  2. Sin duda tu, Maria, eres ese maravilloso pepito grillo, y mis compañeras de grupo.Todavia no se a quien debo dar las gracias por ponerte en mi camino y formar ese maravilloso espacio libre de peligro, miedo y verguenza. Gracias por formar parte de mi reencuentro conmigo misma

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